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Historias Personales y Programas de Diálogo: Historias Especiales: Laura

La Historia de Laura: Hodgkins a los 24 Años

Escucha con RealPlayer 19 minutos, 35 segundos.

LauraMi nombre es Laura. Tengo 27 años. Nací y me crié en San Juan, Puerto Rico. Vivo en Florida con mis dos hijos, Andrés de cinco años y María de siete meses. Para la primavera del '99 estaba viviendo en Gainesville, Florida. Asistía a la Universidad de Florida haciendo una maestría en Ciencia de Computación. Un día allí en la universidad tenía la mano, así en mi cuello, y noté que tenía como una pelotita en el lado izquierdo. La sentí y sentí que estaba dura y que era sólida.

El Diagnóstico

Pero la verdad, que en el momento tenía mucho trabajo, ya estaban cerca los exámenes finales, tenía que terminar mis proyectos, yo también trabajaba, asistía a un profesor y tenía que corregir exámenes y asignaciones. Así que decidí esperar un poco para ver si eso se me iba solo.

Pasaron como dos o tres semanas y terminé todo. Se acabó el semestre y yo había estado más o menos pendiente de la pelotita. Me había dado cuenta que no se había ido, pero tampoco se veía más grande, ni más pequeña o sea que no había ningún cambio. Así que decidí ir a la enfermería de la universidad a ver que me decían. Allí me hicieron un examen físico y me tomaron unas radiografías, pero en las radiografías no podían ver nada. No aparecía la pelotita.

Así que la doctora me refirió a un centro de radiología para que me pudieran hacer un CT scan. Yo le pregunté a ella, qué ella pensaba que pudiera ser. Ella me dijo que podía ser cualquier cosa, que podía ser algo benigno como un quiste, pero que también podía ser algo más serio como un tumor en el nódulo linfático. Así que tenía que hacer más pruebas para asegurarse de que no fuera nada malo.

Yo pensaba que probablemente no iba a ser nada serio porque yo siempre he sido saludable y siempre estoy pendiente de comer una dieta saludable. Yo no comía casi carnes rojas, ni carne y me aumenté de vegetales, comida orgánica y además siempre hacía ejercicios. Así que yo pensaba que no podía ser nada malo. Además tampoco tenía ningún síntoma extraño. Yo sí, bueno quizás me sentí un poca cansada, pero para mí eso era normal porque yo estaba estudiando la maestría. Además de eso estaba trabajando medio tiempo en la universidad, asistía a un profesor. Más tenía mi hijo que tenía tres años. En ese momento, yo todavía estaba casada, pero prácticamente me encargaba de todo el trabajo de la casa. Además de eso también de atender el niño prácticamente lo hacía todo yo.

Así que pensé que estar cansada era algo normal para ese tren de vida que llevaba. Pues esa misma tarde, yo fui al centro de radiología e hicieron un CT scan de mi cuello. Eso fue un viernes y probablemente fue el último viernes que lo pasé tranquila por mucho tiempo.

El lunes por la mañana cuando yo estaba preparando para salir de la casa e ir a la universidad recibí una llamada y era la doctora que tenía el resultado del CT scan. El radiólogo la había dicho que la masa en el cuello podía ser o un linfoma o un cáncer de la tiroides. Eso no era un diagnóstico definitivo obviamente, pero teníamos que hacer más pruebas para asegurarnos bien y hacer un diagnóstico final.

En ese momento que ella mencionó la palabra cáncer mi mundo se me vino abajo. Yo colgué el teléfono y empecé a llorar y no podía parar de llorar. Lloré yo creo como nunca había llorado. Estaba histérica, no podía pensar ni que hacer. No podía creerlo. Como podía ser que yo tuviera cáncer. Solamente tenía 24 años, yo estaba saludable y yo nunca me enfermaba. Para mí era algo imposible, pero aparentemente pues iba a ser mi realidad.

Yo terminé de vestirme como pude. Levanté a mi nene. Nos fuimos para la universidad, lo llevé a él a la escuela. Todo el tiempo aguantándome las lágrimas para que no me viera llorando, pero no podía sacarme eso de la cabeza. Y allí fui a hablar con la doctora y ella me explicó que había visto antes otros casos de línfoma allí mismo en la universidad, que era algo curable, que mi vida si iba a tener -- por unas cuantas semanas, pero que después todo iba a volver a la normalidad.

Pero que había que asegurarse de qué era lo que había allí y que había que hacer más pruebas. Así que ella me refirió para que me hiciera entonces otro CT Scan del resto del cuerpo, del cuello hacia abajo y para que me hiciera una biopsia para poder dar el diagnóstico. Las semanas que siguieron fueron largas y tediosas. Yo sentía miedo, estaba ansiosa. No sabía que hacer, pero tenía esperanza de que todo iba estar bien. Todo el mundo que hablaba conmigo mi familia y mis amigos me aseguraban que no sería nada malo. Yo tenía la esperanza de que no lo fuera.

Entonces me hicieron la biopsia. Dos días después de haber hecho la biopsia me llamaron para que fuera a recibir al diagnóstico. Allí me dijeron que tenía un linfoma de Hodgkins. Ya en ese momento cuando me dijeron lo que tenía ya no sentí lo mismo que sentí la primera vez que me dijeron que puede ser cáncer. Como que había tenido tiempo para digerir la idea y lo acepté. Yo estuve calmada, no lloré. Yo había rezado mucho y sabía que si esa era la voluntad de Dios tenía que aceptarla. Además ya había buscado información y sabía que el linfoma de Hodgkins era curable.

Opciones de Tratamiento a Escoger

En ese mismo momento que me dijeron que eso era lo que yo tenía, yo decidí que yo me iba curar como fuera. Las semanas después del diagnóstico fueron bien pesadas. Me siguieron haciendo pruebas y pruebas para poder establecer bien en que etapa estaba la enfermedad y para poder decidir cual era el tratamiento. Me hicieron pruebas nucleares, bueno pruebas de todo. Llegó el punto que estaba cansada de los doctores, de que me estuvieron sacando sangre. Ya quería a empezar el tratamiento porque ya lo que quería era curarme.

Al fin, me diagnosticaron en la etapa dos A porque mientras otras pruebas que hicieron, encontraron que tenía dos nodos más, además de la masa que tenía en el cuello. Me dieron a escoger entre dos tratamientos. La primera opción era solamente radioterapia por seis semanas y la segunda era una combinación de quimioterapia con radioterapia. Con la primera, el por ciento de que el cáncer recurriera era más o menos 40 por ciento, con la segunda era solamente 20 por ciento.

Para mí fue obvia la decisión. Yo quería la probabilidad más alta de vivir obviamente de curarme porque yo quería ver a mi hijo crecer. Así pues que escogí la combinación de quimioterapia y de radioterapia y en total eran dos ciclos de quimioterapia que eran dos meses y después cinco o seis semanas de radioterapia. La quimioterapia era una combinación de cuatro drogas diferentes que se llama ABBV por las iniciales de cada una.

Durante mis tratamientos yo recibí mucho apoyo. Mis papás me ayudaron muchísimo, mis amistades, toda mi familia, mis abuelos. Mi mamá vino a estar conmigo, ayudándome en la casa, ayudando con mi nene. Todo el mundo estuvo bien pendiente. Todo el mundo rezaba por mí y había tanta gente rezando por mí que yo no lo podía creer -- gente que yo ni siquiera, nunca la había conocido y no me conocía a mí. En ese tiempo yo también me acerqué más a Dios. Él fue que me dio la fuerza para poder superar la enfermedad y seguir adelante porque si no hubiera sido por mi fe yo creo que hubiera sido mucho más difícil.

El Cáncer y Sus Efectos en el Matrimonio

Al mismo tiempo, mi matrimonio fue empeorando. Yo no recibí el apoyo que esperaba de mi pareja. En muchos momentos en vez de darme el apoyo, lo que hacía era quitarme la esperanza. Fue egoísta no se daba cuenta de lo que me estaba pasando, de como yo me sentía. Él se enfogonaba conmigo si yo quería estar acostada en la cama porque yo no quería salir.

La verdad es que fue buen difícil bravar con esa situación porque en el momento que más lo necesitaba, no me demostró la verdad amor. A la misma vez fue como una forma de abrir los ojos a la realidad de la relación que yo tenía con él. De que en realidad las cosas no iban bien desde antes. Yo pensaba que con esta situación, mi enfermedad, las cosas iban a cambiar, pero me di cuenta que no cambiaron. Y que si no cambiaron en ese momento, no iban a cambiar. Así que poco después de terminar los tratamientos nos separamos.

La verdad, es bien importante tener el apoyo de la pareja en momentos como esos porque esos son momentos difíciles. Para mí fue particularmente difícil por mi edad. Porque por ser tan joven yo me sentaba allí en la sala de quimioterapia y el alrededor mío veía gente, solamente gente mayor, que había vivido toda su vida y yo allí solamente con 24 años. Estaba en esa misma sala, en la misma silla con mis sueros y con mi "copel" de quimioterapia.

Gracias a Dios, mi cuerpo aceptó muy bien la quimioterapia, ni siquiera se me cayó todo mi pelo. Eso fue algo increíble porque era una de las cosas que me preocupaba por mi nene. Mi niño solamente tenía tres años y en realidad no sabía lo que estaba pasando. Yo pensaba que si se me caía todo el pelo, cuando se me vio calva, quizás se iba a asustar o a preocuparse y yo no quería que él se preocupara. Eso para mí fue algo increíble.

Sí, me sentía débil obviamente, después de cada tratamiento tenía dos o tres días que lo que quería hacer es acostarme en la cama "descansando". No, nunca me dieron náuseas. Sí, siempre tenía el estómago un poco revolcado, pero no nunca llegué a vomitar ni nada de eso. Claro, siempre me daban medicina para evitar eso. Las defensas me bajaron, especialmente los glóbulos blancos bajaban mucho con cada quimioterapia bajaban más y tenían que ponerme inyecciones para poderse subir las defensas para poder recibir el próximo ciclo.

Después de los dos ciclos, me hicieron de nuevo unas pruebas el CT scan y la prueba nuclear. Ya en esas pruebas salía que el cáncer había desaparecido 95 por ciento que fue muy buenas noticias para mí. O sea, el día que me dijeron eso yo estaba super contenta porque había funcionado la quimioterapia. Yo tenía mucha fe de que iba hacer así y así fue.

La Vida Después del Tratamiento: El Milagro de Un Bebé

La radioterapia empezó quizás cuatro semanas después de haber terminado la quimioterapia. Fue mucho más difícil y también más deprimente para mí porque estaba sola en el cuarto de la radioterapia. Es un cuarto bien frío y uno lo que está es rodeado de la máquina, una máquina gigantesca e intimidante. Era más triste estar allí. Entonces también a mí me radiaron toda el área desde la mandíbula hasta más o menos la cintura, todos los nódulos linfáticos en ese área incluyendo el bazo. El esófago se quemó por dentro y yo no podía tragar nada sólido. Por seis semanas me estuve alimentando de batida y hasta tragarme la batida era un martirio de dolor que sentía. Seguí yendo diariamente hasta que pusieron suero, hasta que terminé la radioterapia.

En todo momento, yo traté de mantener una actitud positiva. Yo de principio acepté mi enfermedad, acepté los tratamientos como algo bueno no algo malo. Porque con esos tratamientos era que me iba a curar y yo me quería a curar así que era algo bueno para mí. Yo recé mucho y eso me ayudó. Fue lo más que me ayudó porque aunque mi cuerpo estaba débil mi alma, mi espíritu estaba fuerte. También hacía mucha meditación, practicaba yoga también, para relajarme y eso me ayudó también mucho a sentirme más relajada. No es fácil pasar por esos tratamientos, pero se puede. Se puede si uno quiere, si uno se quiere curar y aquí estoy.

Hoy ya hace un poco más de dos años que terminé mis tratamientos y combatí mi cáncer. Durante ese tiempo de mis tratamientos, terminé mi maestría con honores, recibí una oferta de trabajo. Ahora mismo tengo mi buen trabajo. Hace siete meses di a luz a una bebé preciosa y saludable. Que para mí es un milagro, que había vivido porque siempre habían dicho que la posibilidad de quedar estéril por el tratamiento era bastante alta. Pero allí está la prueba de que todo se puede. Ahora vivo día a día. Aprecio muchísimo mi vida, mucho más que antes. Puedo decir que el cáncer me hizo una persona más fuerte porque yo ahora estoy dispuesta a luchar contra cualquier cosa que se me presente y sé que lo puedo lograr.

A las personas que estén pasando por algún cáncer en estos momentos, mi consejo es que tenga mucha fe, fe en sus doctores, en sus tratamientos, en Dios, en ustedes mismos. Que pongan una mente positiva, que nunca dejen que nadie les quite la esperanza, ni que les dé ideas negativas porque eso es bien importante. Van a ver como van a tener la fuerza y lo van a poder a superar.


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